El virus de la libertad
Podemos reconocer que nunca fuimos más libres que en cuarentena. Sin un sistema empecinado en agendarnos los pasos, marcarnos las horas con un gotero, sin un afuera que nos devora de a pedazos y nos regresa a nuestras guaridas indefectiblemente lastimados.. Nos costó mucha muerte, mucha angustia. Nos sigue costando. Que nos arranquen el almanaque memorioso y organizado, las horas del trabajo, las horas del agobio y las del descanso. El lugar de los hijos, de los otros, de los ocasionales visitantes de nuestro espacio. Y claro está, no supimos que hacer. Sin el orden primordial que nos calma a fuerza de ahogarnos. Nos quedamos por la fuerza del espanto en ese refugio cotidiano que se nos volvió un lugar extraño, de tanto estar, de tanto recorrerlo hasta los rincones y las sombras, hasta los estantes olvidados. Reunidos por temor, amontonados todo el tiempo con las personas que elegimos para estar de a ratos, en su justa medida, con el beneficio de las distancias ocasionales. El ox...