Los medios PEROnistas

Gollán dijo. Pero no dijo lo que dicen que dijo. Dijo lo que dijo una señora que se lo dijo a un colaborador. Gollán escuchó y dijo lo que dijo la señora. Para los operadores de prensa (no son periodístas) no lo dijo la señora, lo dijo Gollán. Entonces lo que dijo que dijeron se convierte en otra cosa, porque la realidad no importa, los datos se manipulan, se esconden, se sepultan en nombre de la causa común de los medios hegemónicos que es demonizar sin pausa posible todo lo que tenga que ver con el gobierno. Todo, absolutamente todo. No hay margen para señalar un acierto de los muchos que se han dado en estos años complejos. Lo bueno se oculta, lo malo se resalta y lo peor se inventa.

Ha surgido el PEROnismo mediático, es el que si por esas cuestiones de lo inevitable no pueden dejar de señalar alguna noticia positiva producto de políticas de Estado acertadas, se apresura a adjuntar un PERO a esa novedad. Se entregarán viviendas, PERO... Se está acelerando la vacunación, PERO... Los jubilados tendrán aumento, PERO... Se flexibilizan las medidas sanitarias, PERO...Se reactiva la economía, PERO.

La escatológica tarea de los mercenarios corporativos, los esbirros del poder económico que les engorda los bolsillos a cambio del sacrificio de la verdad, no se detiene ni siquiera por un impulso de evitar la vergüenza. Se inmolan sin reparos frente a micrófonos y pantallas con grotescas payasadas que más que gracia causan pena. Ensayan expresiones rígidas, miradas supuestamente inteligentes, gestos que pretenden anticipar la epifanía, el análisis profundo pero no hacen más que confirmar el avanzado estado de putrefacción mental que los gobierna.

Al interés por gestionar en favor del pueblo le intentan bajar el precio con el apelativo de "populismo", porque es sabido que los gobiernos de derecha no hacen más que perseguir el bienestar general y la prosperidad del conjunto. 

Defensores del gatillo fácil, de las dictaduras, la represión, el despido a mansalva de trabajadores sin indemnización, la fuga de capitales, la acumulación de ganancias en pocas manos y el sálvense los ricos y el pasaje al sector público de las deudas privadas; son quienes imponen su opinión frente a la realidad que les resulta tan incómoda cuando no es la derecha la que gobierna.

Incluso llegan a tropezar con sus propios titulares desde la portada digital hasta la lectura de la nota, cuando no se da el caso de que, directamente, se desdicen y si la burrada es muy evidente, la borran.

Tal es el caso del negacionista del golpe en Bolivia y experto clarinetista de política internacional, Marcelo Cantelmi, quién titula entre las distinguidas plumas opinólogas "¿Señales de derrumbe del modelo populista latinoamericano?" - oración que no deja de mostrarse como una expresión de deseo - pero cuando una hace clik para leer la nota observa una pequeña metamorfósis en el título: "¿Señales de fractura en el modelo populista latinoamericano?". ¿Son sinónimos derrumbe y fractura? ¿Algo que se quiebra, se desquebraja, es igual a algo que se desmorona?


Es un detalle menor. La intencionalidad es la misma, pero no es lo mismo. Un derrumbe no tiene solución, no hay reparación posible, hay que reconstruir y lo nuevo no es lo mismo que lo que estaba. Pero una fractura puede repararse, es ocasional, tiene solución y más en política donde las lecturas de fractura suelen ser diagnósticos antojadizos. Tal es el caso de la tan proclamada fractura en la relación entre el presidente Alberto Fernández y Cristina Fernández. Para Clarín y La Nación una discusión política es un quiebre inmediato, una ruptura que deriva, necesariamente (esperadamente) en un derrumbe.

                            

"La mala idea de juntar a Cristina con Fernández" titula el inefable editor de Clarín, Ricardo Roa. Y el histórico mercenario de La Nación, Joaquín Morales Solá, en idéntico espacio de tapa proclama "Alberto y Cristina. una relación definitivamente rota". Opinión, sin datos, solo una declaración de odio transformado en esperanza, arenga facha para arrojar margaritas al chiquero de oligarcas y desclasados. La soberbia y el títere, la déspota y el pusilánime, la monarca y su bufón... cualquier combinación en tal sentido sirve para exponer una mirada ilusoria, un espejismo que la derecha necesita para distraer incautos y fomentar la furia.

Hace tiempo - quizás desde siempre - que los operadores de prensa disfrazados de periodistas trabajan en favor de la instalación de un clima enrarecido que promueva acciones temerarias azuzadas por eslógans vacíos y falsedades repetidas hasta el cansancio. La hipocresía, la doble vara, la falsa moral y el "republicanismo de morondanga" se exponen con descaro en cada tapa de los medios dominantes. Cuando los jueces amigotes de Macri visitaban reiteradamente la Casa de Gobierno, "era para jugar al tenis" aunque luego de cada visita se armara una causa y un llamado a indagatoria contra Cristina Fernández, anunciada con bombos, platillos y espumosa furia. Pero cuando el llamado de la Justicia se produce contra uno de los monigotes de la derecha, como es el caso de Mauricio Macri y la causa por espionaje a los familiares de los tripulantes del ARA San Juan, los medios hegemónicos indignados titulan "Sorpresivo llamado a indagatoria a Macri por espionaje". Los llamados ante la Justicia a Cristina son muy apropiados y pertinentes, pero los llamados a Macri son "sorpresivos" dando a entender que hay una suerte de intensión persecutoria. Asi muestran los hechos, así manejan humores sociales, así inoculan el odio desde sus páginas, micrófonos y pantallas, hora tras hora en todo el territorio.

Mientras no haya responsabilidad de expresión no se puede hablar de libertad de expresión. Libertad de expresión no es igual a decir cualquier cosa sin consecuencias. La impunidad con que se dice cualquier cosa, se difunden falsedades, se arman noticias sin datos y, ante la rotunda desmentida, se sigue adelante sin siquiera pedir disculpas; resulta en una pegajosa sustancia que no hace más que atraer moscas que se posan en las heridas sociales e infectan todo lo que tocan.

Exponer estas prácticas reñidas con el periodismo es una tarea cotidiana, debe darse esa batalla sin descanso para que lo antes posible se fracture esa lógica perversa de los medios dominates. Y de ser posible, que se derrumbe.

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