Hacer periodismo desde el deseo
En los diarios hegemónicos es frecuente observar notas periodísticas que se redactan desde la más llana exposición de deseos personales, que son en realidad, deseos corporativos que buscan, a su vez, reflejar deseos de un sector social al que representan con su discurso y línea editorial.
Este periodismo de opinión, de adjetivaciones y enumeración de supuestas sensaciones que no pueden comprobarse y que se le atribuyen de forma permanente al signo político que se ha señalado como "el enemigo", aparece con fuerza y persistencia ocupando columnas diversas donde personalidades reconocidas de los medios dominantes y multipremiadas por organismos obedientes despliegan línea tras línea todo un decálogo de lugares comunes y estigamatizaciones diversas que han sido pautadas hace tiempo con su selecto público.
No hay que esmerarse demasiado para encontrar especies de este tipo donde las enérgicas plumas periodísticas se sienten a sus anchas redactando notas donde abundan las suposiciones y escasean los datos concretos.
Tomemos por caso el diario Clarín, en su versión digital, donde encontramos sin mayor esfuerzo algunas de estas esclarecedoras columnas. Fernando González, editor del panfleto de derecha de amplia trayectoria nacional al servicio de sus propios intereses, no deslumbra con sus capacidades adivinatorias al comentar que existen fantasmas, no espectros del inframundo, sino entidades a los que el gobierno teme - según él - y que tienen que ver con la derrota en noviembre. Basa su teoría en una serie de supuestas encuestas, "varias" es el dato, en donde se mostraría un declive oficialista (primer deseo confeso). Nos dice este visionario que ese fantasma "recorre el ánimo del peronismo" y que el resultado del próximo domingo "se pueda leer como una derrota", cuestión de la cual se van a encargar sin ninguna duda este periodista clarinetista y otros cuantos de la élite hegemónica cualquiera sea el resultado.
Luego, le endilga ese supuesto bajón de imagen y apoyo popular a una maquinaria propia, un escándalo propiciado por el que se apresuraron en denominar el 'Olivosgate' y que nutrió las primeras planas de Clarín, La Nación, Infobae y sus subsidairias multimnediales. Esa exposición de fotos del festeo de cumpleaños de Fabiola Yañez en Olivos con un grupo de invitados y el presidente Fernández como anfitrión, fue el cadáver arrojado a los buitres que con los picos exaltados se hundieron en la carne podrida con devoción. Una furia desigual, por cierto, pudo notarse a la hora de calificar reuniones similares pero de personajes afines con los medios todopoderosos, como el caso de la celebración de Elisa Carrió (me niego a decirle 'Lilita') con mariachis incluídos y la presencia de Horacio Larreta - el intocable protegido de la cofradía mediática -. Tampoco hubo mucha difusión de los viajes realizados por Macri sin respetar la cuarentena o el perreo cumpleañero de la guardiana de las dos vidas, Amalia Granata, y 16 invitados.
Nos quiere hacer creer que un supuesto funcionario le confiesa que "si sacamos menos diferencia y nos acercamos a un empate, perdemos en noviembre". Y esta sola oración, en sí misma, no es otra cosa que una arenga a la esperanza derechosa del menteplanista promedio. Vamos con todo, parece decir, que podemos ganar en noviembre, como si la alternativa de los impresentables autores del últimos desastre nacional en manos de Juntos, por el cambio o por los negocios, fuera una posibilidad real, como si el pueblo estuviera nutrido por una mayoría de zombies desmemoriados que han olvidado pronto las devaluaciones salvajes, el deterioro del salario, la represión a los trabajadores despedidos de Cresta Roja y de tantas otras empresas fundidas por las políticas del Estado ultraliberal macrista.
Tal es así que el periodista en cuestión habla de un "prudente 4%" de posible ventaja del FdT, pero cuando hace memoria y recuerda el triunfo de Esteban Bullrich sobre Cristina en 2017 habla de un "claro 4%". En un caso es prudente, casi una derrota y en otro, la misma diferencia, es clara y contundente. Deseos y más deseos.
Que las supuestas hordas de "desencantados" con el gobierno se vayan con Manes, Santilli, Milei o Randazzo habla no solo de desencanto sino de problemas neuronales de un supuesto electorado que podría ver en ese cónclave de pusilánimes alguna alternativa superadora.
Como cierre de esta nota que no dice nada, que achaca sentires a entidades que no son citadas en forma directa y que se pretenden mostrar como temerosas y en declive, el amigo González rememora el triunfo del FdT en 2019 a pesar de la escalada final de Macri porque "en aquel momento, la inflación, el desempleo y los millones de pobres se cargaban a la cuenta de Macri" y remata diciendo que esta vez el derrumbe de la economía es responsabilidad de Alberto y del kirchnerismo (una teoría de los dos demonios pero con los dos del mismo lado). No se entera González ni de la pandemia ni de la caída en la economía global ni en el desastre que Macri dejó y que no se disuelve con un cambio de gobierno, como si dijéramos que la deuda con el FMI es ahora responsabilidad de Fernández (no demos ideas).
Pero el periodista laureado se reserva para el final un cierre magnífico, épico, en donde retoma por si algún distraído pretende olvidarse, el caballito de batalla de los poderes mediáticos que siguen babeándose con los posibles resultados de la campaña de indignación masiva. Dice González:
"Y a eso hay que sumarle el jolgorio de la fiesta en Olivos, un flash que iluminó el drama de una sociedad que sufría el COVID y que se moría en soledad".
Aplausos de pie y rascada de panza por parte de Magnetto.
SERÉ UNA DE SUS SEGUIDORAS, GRACIAS
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