ENredADOS (reflexiones encontradas por las redes)


> Por  Lucrecia Arremolina <

Que este gobierno cometió errores en lo económico y en lo ético durante estos dos años, a nadie le cabe ninguna duda. 

Pero quedarnos con eso para interpretar el voto del domingo pasado, creo que no es suficiente. Es por eso que los invito a que nos hagamos algunas preguntas: 

 ¿El voto al FDT del domingo se puede explicar solo como un castigo por la economía? Si fuera así, preguntémonos ¿Por qué Macri, que generó una devastación económica y social en sus dos primeros años de gobierno, ganó cómodamente las elecciones legislativas en 2017? 

Recordemos algunas medidas económicas y sociales macristas antes de esas legislativas: 

Devaluación: el 17 de diciembre del 2015 el Banco Central habilitó una disparada del 42% en el precio del dólar, disparando abruptamente la inflación. 

Quita de retenciones al campo: Cambiemos elimina impuestos a los ricos agroexportadores por 60 mil millones de pesos que ya no se destinarían jamás a salud, educación, salarios, etc. 

Techo a las paritarias: el Ministerio de Trabajo destruye el salario de los trabajadores, favoreciendo a los empresarios. 

Tarifazos de gas, luz y agua: Por decreto, Cambiemos le sube a los argentinos el valor de las tarifas con aumentos que elevan hasta 20 veces el valor de las boletas. Muchos argentinos se suicidan por la medida. 

Apertura de importaciones: Macri habilita importaciones extranjeras que hacen quebrar empresas textiles y de informáticas argentinas. Quedan en la calle 300 mil trabajadores. 

Despidos: Cambiemos despide a miles de trabajadores estatales. Esto implica la eliminación de decenas de programas educativos, culturales y sociales que beneficiaban a las clases populares.  

Autorización de aumentos de precios de medicamentos y prepagas: el Ministerio de Salud habilitó múltiples subas en los remedios y de las prestadoras de medicina privada. 

Eliminación de la cobertura del 100% de los medicamentos de jubilados, como así también les recorta tratamientos y cantidad de análisis clínicos por año. Se elimina el Remediar, que daba 70 medicamentos gratuitos a los carenciados, se lo reemplaza por otro que solo ofrece 7. 

Sintetizando: el gobierno de Macri generó un desastre económico, humanitario y social antes de las Legislativas del 2017, y sin embargo NO FUE CASTIGADO. 

Bien. Entonces de seguro el castigo debe ser por lo moral y lo ético, es decir “la corrupción”. El caso de Ginés, el caso del cumpleaños en Olivos. 

¿Pero se explica el voto del domingo únicamente por las faltas morales y éticas del FDT? ¿Qué había sucedido durante el gobierno de Cambiemos antes de las legislativas en relación a la corrupción y sus escándalos morales y éticos? 

Hagamos memoria de algunos (hay muchos más): 

En enero del 2017 Federico Sturzenegger, titular del BCRA, solicitó que se quemen diversos sumarios en los que se investigaron irregularidades de Shell y Citibank. 

En octubre de 2016 se descubre que la vicepresidenta Michetti y los ministros Patricia Bullrich, Rogelio Frigerio, Gustavo Santos, y el secretario de la AFIP, Gómez Centurión, entre otros, acomodaron a sus parientes en el Estado con sueldos siderales. 

El periodista Fernando Niembro recibe una suma fantasma millonaria de Mauricio Macri para operar políticamente a su favor. 

En febrero del 2017, a meses de las elecciones legislativas, se descubre que el presidente intenta una maniobra para eliminarse una deuda familiar de 70 mil millones de pesos que le debía al Estado. 

En Agosto del 2016 se descubre que la vicepresidenta tiene una fundación fantasma que dice tener empleados que no tiene, que tampoco tiene CUIT, y tampoco puede justificar el origen del robo de un dinero de su domicilio. 

Al mismo tiempo se descubre vía Panamá Papers que el presidente de la nación y su gabinete son evasores fiscales con cuentas multimillonarias en paraísos fiscales, algo que en EEUU los enviaría a la cárcel. 

En conclusión, Cambiemos en sus dos primeros años, 

1) sin pandemia mediante ya había destruido la economía, el trabajo y la salud de millones de argentinos, y

2) ya coleccionaba escándalos de corrupción suficientes como para no ser votado por 200 años. 

Sin embargo, les recuerdo lo que sucedió en las elecciones legislativas del 2017, transcribiéndoles un titular de la BBC:

“Mauricio Macri se anota una victoria en las elecciones legislativas y queda en mejor posición para impulsar su proyecto de "cambiar a Argentina para siempre"”

No hay dudas de que el FDT ha cometido errores en lo económico y en otros aspectos relacionados con la ética. Pero al mismo tiempo creo que ningún análisis de lo sucedido el domingo puede hacerse estrictamente señalando como causas únicas a lo económico o lo ético. 

¿Que el fracaso ha sido a culpa es de las "Roscas"? ¿De las mezquindades internas? ¿De las figuritas desgastadas y repetidas? Si bien puede ser un elemento que influye en la elección, en absoluto lo explica, porque se compensaría con el hecho de que esos mismos y exactos fenómenos (y peores) los tiene la derecha de "Juntos". Por eso creo que hay que ir a buscar nuevos elementos, un poco más allá de lo que dicta el sentido común. 

Mi aporte, que de seguro se complementará con los que ustedes y tantos otros realicen, es una invitación a incorporar a la ecuación algunos fenómenos culturales que están llegando para quedarse, y que le exigen a los partidos populares como el peronismo repensar sus estrategias y sus formas de contacto con los ciudadanos. Y nótese que no he dicho “repensar sus principios” ni “modificar su propuesta”. 

La influencia del poder político solapada en los medios de comunicación es tan vieja como la invención de la imprenta. Pero lo que no es viejo, y por el contrario, constituye un fenómeno totalmente nuevo, es el hecho de que esa influencia ideológica hoy se ha convertido en una voz que viaja pegada al cuerpo de los ciudadanos las 24 horas en forma de teléfono móvil. 

Un chico de 13, un adulto de 30 o 40, compran un celular y al instante Google les ofrece por defecto la información de Clarín, Infobae, Perfil, La Nación, y todo el arco del poder bestial de la derecha, constituyéndose en sus intérpretes de la realidad por excelencia, orientando sus percepciones de lo que sucede cada día. Entonces hasta los mejores hechos de un gobierno popular hoy son interpretados por las grandes mayorías como negativos: las vacunas son un negocio con los laboratorios, el Progresar indigna porque es un plan para sostener vagos, las políticas que benefician a los caídos del sistema son solo una excusa de corruptos populistas que solo quieren ganar votos. Y lo peor es que los mismos beneficiarios de esas políticas repiten eso celular en mano.

Si a esto le agregamos que hay nuevas generaciones que han perdido todo contacto con la tradición, los principios y los valores de los viejos Estados de Bienestar (hoy denominados despectivamente “populistas”) y que esos valores están siendo diezmados por unos nuevos en donde el egoísmo, la competencia a muerte y el proyecto individual de vida son las vedettes, tenemos un combo cultural muy complejo, en donde esa versión del mundo a su vez es retroalimentada por los medios de comunicación masivos de la derecha. Súmenle a eso que este capitalismo tardío genera un tipo de vida en donde la exigencia de vivir a mil por hora para sobrevivir impide pensar con claridad, y en su lugar conducirse estrictamente por emociones: furia, alegría, indignación, sin que estén mediadas por la reflexión profunda. Y ni siquiera los mismos que han simpatizado con el FDT están libres de esa influencia. 

Bienvenidos a un nuevo tipo de ciudadano del siglo XXI, que no solo vive al día, sino que “piensa” al día, con abreviaturas de whatssapp, que si lee tres párrafos se aburre. 

Nada se puede hacer contra eso. Es la nueva realidad del escenario político. Una en donde los partidos populares tienen una inmensa desventaja desde la infraestructura comunicacional y mediática. Y en donde las formas tradicionales de militancia (la unidad básica, el encuentro cuerpo a cuerpo) se vuelven casi imposibles frente a las nuevas lógicas relacionales del siglo XXI que nos arrastran a todos. 

Habrá que inventar nuevas maneras de persuadir y explicar. Habrá que entender que cada medida debe ser explicada hasta el hueso y no darla por sobreentendida. Habrá que buscar algún punto de apoyo para castigar jurídica y económicamente las calumnias y las fake news que atentan contra el derecho de emitir el voto en base a los hechos reales, y no a mentiras. Habrá que aprender a hacer llegar de nuevas maneras y con nuevas estrategias humanas y mediáticas los valores y los principios políticos que creemos son los que beneficiarán a nuestra patria.

Difícil. Pero es el único camino.

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